• Centurión en batalla: La Élite del ejercito

    Hay mucha leyenda sobre los centuriones que luchaban para el Imperio Romano. La realidad nos aproxima a la figura del suboficial clásico que ha empezado su carrera desde abajo, pero también nos lleva a los privilegiados que alcanzaron el cargo por una recomendación.


    Ya en las Guerras Púnicas, Roma comenzó a forjar sus soldados profesionales mediante la figura de los reenganches voluntarios, que serían el núcleo que más tarde nutriría los escalafones de centurión. Para un oficial que debía manejar a los legionarios en primera línea de frente, era preciso mucho coraje, preparación en las artes de la guerra, carisma y un cierto sentido de organización.


    Un centurión debía poseer un determinado grado de cultura administrativa para poder ser responsable de sus ochenta hombres en tiempos de paz. Pero además, se exigía de ellos que fuesen ejemplos de comba-tiente, incluso llegando al extremo de sacrificarse para cubrir una retirada de sus hombres. Por otra parte, la disciplina en las legiones era muy férrea y el encargado de su imposición no era otro sino el centurión. A menudo se daban casos de brutalidad excesiva y de aceptación de sobornos con el fin de mejorar la calidad de servicio de los pagadores.


    EL CASCO:

    Era similar al de los legionarios, en cuanto a forma y materiales empleados para su fabricación. Se distinguía por el penacho colocado de forma transversal.


    LA FUNDA DE LA ESPADA:

    Como el resto del equipamiento y del armamento, solía ser la misma que la de los legionarios, aunque podía tener alguna mejora ornamental.


    LA ESPADA:


    El arma por excelencia del centurión era la espada, pues, al contrario que los legionarios, no llevaba pilum. Los centuriones eran expertos en su manejo.


    LAS GREBAS Y LAS SANDALIAS:

    Estas piezas de la armadura podían estar hechas de hierro o bronce y se anudaban en la parte trasera de la pierna con cintas de cuero.Su misión era la de proteger las piernas desde la rodilla hasta la garganta del pie.

    Las sandalias eran las mismas que las utilizadas por los legionarios. 


    EL ESCUDO:

    Los centuriones utilizaban el mismo escudo que el resto de la tropa bajo su mando. Podía estar decorado con diferentes colores y motivos, dependiendo de la legión a la que perteneciesen.


  • General Romano: LA Élite Social de Roma

    Los generales de Roma, en contra de lo que se pudiera pensar, no eran profesionales exclusivos de la milicia. Se trataba de altos cargos de las magistraturas romanas, que eran destinados a las legiones como un paso más de su carrera, antes de llegar a ocupar los puestos políticos más relevantes.


    En la antigua Roma se consideraba que los componentes de la élite socialdebían pasar una serie de pruebas y enseñanzas que formarían y darían la medida de la aptitud del futuro cargo público. De este modo, se establecieron para los jóvenes de las dos clases dirigen-tes, senatorial y ecuestre, unos pasos a cumplir en las distintas jerarquías sucesivas, con una edad mínima y la exigencia de haber ejecutado honrosamente los escalafones anteriores para acceder a uno superior. A esta carrera política se le denominó cursus honorum o carrera del honor. Por poner un ejemplo ilustrativo, cabe señalar que un joven procedente de familia notable debía pasar cierto tiempo sirviendo como jinete-equites, tribuno, cuestor, o al mando de unidades auxiliares antes de llegar a ejercer el cargo de general o legado. No es de extrañar que a pesar de la aparente falta de profesionalidad, con las enseñanzas teóricas y prácticas que recibían salieran buenos generales como Escipión, Julio César, Vespasiano o Trajano.


    EL CABALLO:

    Los caballos de los generales solían ser botín de guerra. Los preferidos eran los de raza árabe o hispánica, muy apreciados por sus dueños.


    LA CORAZA MUSCULADA:

    Era propia de oficiales y generales, estando las de los últimos, en ocasiones, profusamente decoradas. Podían ser de distintos tipos de metal.


    LAS PIELES DE ANIMALES

    Como símbolo de mando, era habitual llevar una capa de piel de animal, a modo de manta, bajo la silla de montar. También era un símbolo de valor.


    CAPA Y ESPADA:

    El lujo estaba presente en cada parte del equipo o el armamento de los generales romanos. Las fundas de las espadas solían ser muy ricas y podían incluso estar decoradas con piedras o metales preciosos. De igual manera, la capa y los pterugues podían ser adornados con hilo de oro, sobre todo a modo de flecos en sus extremos.


    CALZADO:

    Lejos de las bastas sandalias de los legionarios, o de las botas de ante de los oficiales, los generales llevaban botas de cuero bien curtidas y también decoradas con elementos metálicos.


  • Legionario de infanteria: Época Imperial

    La iconografía del guerrero tracio está muy extendida en el arte. Gracias a las pinturas de cerámica griega, a los distintos hallazgos arqueológicos y a las fuentes literarias antiguas se a podido reconstruir con bastante exactitud la imagen de estos legendarios y poderosos hombres de la guerra.


    Herodoto narró que los tracios vestían, a comienzos del siglo V a.C. con unas pieles de zorro en la cabeza y con túnicas alrededor del cuerpo, que cubrían con sayas o marlotas de varios colores. En los pies y las piernas llevaban borceguíes o botas altas atadas con cordones en la parte delantera, hechos de piel de cervatillo. También lucían tatuajes para indicar la nobleza de su origen. Como armas usaban dardos, peltas o escudos pequeños y redondos, y dagas. De acuerdo con Herodoto: “tenían los tracios pequeños escudos de cuero crudo de buey y llevaba cada uno dos lanzas con la s que suelen cazar los lobos. Llevaban en la cabeza un casco de bronce, con penacho, al cual estaban pegadas unas orejas y cuernos de buey, también de bronce y se adornaban las piernas con tiras de color purpura” (Libro 7, capitulo XXXVI).


    Los soldados especializados recibían otras prendas de equipo; los coseletes debían llevar como protección una coraza completa con guardabrazos y escarcelas -placas de protección de los muslos- y el morrión -típico casco metálico español- aunque la mayoría llevaba solo parte de ellas, pues entorpecían mucho los movimientos. También eran muy característicos de la época la perilla, el bigote con sus estrenos alzados y el pelo con melena por lo hombros. Los oficiales se distinguían de la tropa no por el uso de divisas, sino por la mayor riqueza y fantasía de suspendas, que los hacían rápidamente reconocibles: Camisas con puntillas y bordados de Flandes, grandes plumeros en el sombrero, talabarteros y tahalis -cinturones y bandoleras- de lujo, guantes largos de piel y grandes botas. También era muy habitual que llevaran una gran faja o banda de seda, normalmente de color encarnado, enrollada en la cintura, o en bandolera. El armamento distintivo de su autoridad era la lanza corta llamada “jineta”


  • Signífero: Guía de la centuria

    Los legionarios en el fragor de la batalla, a veces, no podían oír al centurión o las órdenes del cuerno y debían orientarse siguiendo el estandarte que permanecía siempre erguido por el signífero.


    En el ejército romano, las unidades legionarias y auxiliares de infantería estaban divididas en grupos de combate llamados cohortes, que a su vez se subdividían en otros denominados manípulos, que eran la agrupación de dos centurias. Era, por lo tanto, la centuria la unidad operativa más pequeña sobre el campo de batalla y su estandarte recibía la denominación de signum. El soldado encargado de portarlo recibía el nombre de signífero. Éste era el responsable de comunicar y dirigir los movimientos de los soldados que le seguían, tanto en una carga, marchando en columna o en cualquiera de los movimientos tácticos que podían producirse en el campo de batalla. La apariencia que le concedía su peculiar indumentaria era muy singular, ya que a menudo se cubría el rostro con una máscara de metal que le daba un aspecto frío y hasta sobrenatural. De igual modo sobre el casco llevaba unida una cabeza de oso o león, cuya piel le colgaba por la espalda a modo de capa, añadiendo un toque salvaje a la espectacular y hasta temible impronta de este singular soldado. La misión del signífero no sólo consistía en portar y servirse del estandarte para dirigir a los soldados, sino también en defenderlo con su vida ya que se consideraba gravísimo y un deshonor su pérdida en manos del ejército enemigo.


    En muchas ocasiones, durante el caos de la batalla, los legionarios perdían la orientación de dónde estaban su unidad, sus compañeros y su mando.


    La misión básica, y muy importante, del signífero como portaestandarte, consistía en centrar y agrupar en torno a su posición la unidad a la que representaba.


    Su posición en el campo de batalla, según exponen algunos estudiosos de las tácticas militares romanas, correspondía a la tercera o cuarta fila del combate, ya que el centurión debería tenerlo próximo y a la vista para hacerle llegar las correspondientes órdenes, tácticas de retirada o avance, ordenamiento de líneas o demás mandatos.


    LA CORAZA DE ESCAMAS

    También llamada lorica squamata, era la más común entre los soldados de esta categoría por su vistosidad y rareza, ya que no se utilizaba normalmente.


    MÁSCARA DE METAL

    Los signíferos llevaban esta máscara de metal a modo de icono mitológico que adornaba al portador de la insignia de la unidad, dándole un aire frío e impersonal.


    LA PIEL DE LEÓN

    Con el mismo sentido que la máscara, trataba de conferir al signifero una grandeza o poderes propios del animal al que pertenecía la piel.

    EL ESTANDARTE

    O signum servía para unificar a los soldados en torno de él en el caos de la batalla, como referencia de la posición del centro de mando de su unidad.


    LA ESPADA

    Aunque no eran soldados de primera linea, estos hombres portaban una espada para su propia defensa.


    EL ESCUDO

    Tenía forma oval o redonda únicamente para aligerar el peso y hacer más sencillo su transporte, debido a que el signífero debía portar en todo momento el pesado signum.


    VISTA TRASERA

    En esta vista se aprecia la piel de león que los signiferos vestían a modo de capa.


  • Soldado romano en marcha

    En la antigüedad muchas veces ganaba el ejército más numeroso. Desplazar más tropas a un lugar preciso suponía el triunfo o la derrota en la batalla.


    El  cónsul Mario durante su mandato logró introducir len el ejército romano una serie de reformas tendentes a  optimizar y agilizar la institución.

    Una de las cuestiones que más atascaban el buen funcionamiento de las legiones era la lentitud de los desplazamientos debido que el ritmo de marcha debía acomodarse al convoy de bagajes.

    Mario realizó un detallado estudio de cuál era el equipo de campaña imprescindible para un legionario individual y de qué se precisaba para el conjunto de la unidad. Con ello dispuso que el 

    legionario acarreara un autillo con un mínimo de utensilios de acampada, raciones y enseres propios. 

    Así se aligeraba considerablemente el tamaño de la caravana dando mayor movilidad a las legiones. Por el contra-rio, los legionarios portarían un equipo de 20 kg para efectuar marchas de 29 km a paso normal o de 35 km a paso rápido, ambas en cinco horas.


    Esta estampa nos recuerda al paso militar de los soldados actuales, con el fusil al hombro y no es una invención anacrónica del artista. En Rumania existe un monumento a Trajano del siglo II d.C., en una de cuyas metopas se representan legionarios marchando al paso con el pilum (lanza arrojadiza) en un hombro y el escudo en el otro brazo en actitud de desfile. Por otra parte, parece una posición bastante cómoda para cargar el pilum con sus cerca de dos metros de largo.

    El escudo dispone de una funda de cuero para poder colgarlo en bandolera, dejando libres los brazos de su portador para acarrear otra impedimenta. Los soldados, como es lógico, no llevaban el casco puesto durante las marchas. Sin embargo, estaban obligados a vestir su armadura y portar la espada por si pudiera sobrevenir cualquier ataque en sus desplazamientos.


    COTA DE MALLA

    Esta típica protección del periodo republicano era sólo accesible a los soldados pudientes. Estaba confeccionada a base de anillas entrelazadas y se cree que fue inventada por los celtas.


    ESPADA

    La espada que nos muestra la imagen es la denominada gladius hispánica, prácticamente idéntica a la que usaban los guerreros íberos en aquellos tiempos.


    CASCO

    Este yelmo de bronce es conocido como Montefortino y fue el más utilizado por los soldados de la República e incluso durante la Guerra de las Galias.




    SANDALIAS

    Las sandalias militares llamadas caligas eran un recio calzado de cuero con suela claveteada, característico para caminar adecuadamente sobre superficie agreste.


    FUNDA DE ESCUDO

    Los escudos se solían recubrir para su mejor protección y transporte con unas fundas de cuero que disponían de unas cintas que permitían al soldado poder transportarlo con comodidad sobre la espalda, tal como se aprecia en la figura completa de la derecha.


  • Tribuno Pretoriano: La guardia del emperador

    Los tribunos pretorianos eran los oficiales superiores que estaban en el mando inmediatamente por debajo del prefecto. Este rango, que recaía sobre hombres de confianza del emperador, llevaba implícito el mando de su guardia personal, tanto en la ciudad de Roma como en campaña.


    La Guardia pretoriana se organizaba en unas nueve lo diez cohortes, que eran unidades tácticas formadas por unos 480 hombres cada una, sub-divididas, a su vez, en seis centurias de 80 hombres. Cada cohorte era comandada por un tribuno pretoriano, secundado por un centurión superior, conocido como trecenarius, algo así como el primus pilus o centurión superior de las legiones. Los tribunos de la Guardia pretoriana, a diferencia de sus iguales en las legiones, no procedían de ninguna de las dos clases acomodadas: la senatorial y la equites (caballeros). Para poder ser tribunos debían ser caballeros, pero este nombramiento lo habían conseguido con anterioridad por méritos propios.

    Estos hombres comenzaban su carrera militar sirviendo en la pretoría como soldados. Tras ser ascendidos a centuriones, pasaban con este grado a una legión destacada en algún confín remoto del Imperio. Allí podían ascender hasta convertirse en centuriones superiores de la primera cohorte legionaria.


    Al alcanzar este puesto y regresar a Roma, era posible ostentar, en años sucesivos, primero un tribunado en los vigiles (bomberos), luego en las cohortes urbanas (policía local) y después como tribunos de las cohortes pretorianas. Eran, por lo tanto, hombres muy curtidos y con una gran experiencia de mando.


    CORAZA ANATÓMICA O MUSCULADA

    De origen griego, esta coraza era un modelo que llegaba aproximadamente hasta el ombligo para no estorbar al oficial cuando iba montado a caballo.


    ESPADA O "SPATHA"

    Entre los oficiales se hizo más popular la espada de caballería, debido principalmente a que en combate casi siempre luchaban a caballo.


    YELMO DE ESTILO ÁTICO

    Este modelo está basado en un bajorrelieve que se encuentra en el Louvre. Es el preferido de Hollywood en sus representaciones cinematográficas.


    LOS PTERUGES

    Se trata de un chaleco de lino prensado que lleva acopladas a las hombreras y a la cintura tiras del mismo material terminadas en flecos. Era una protección adicional de gran flexibilidad.


    BOTAS DE OFICIAL

    Ll calzado de los mandos era mucho más suave y confort. que el que empleaba la tropa.


    LA CAPA O "PALUDAMENTUM"

    Los oficiales se distinguían por una larga capa que se prendía sobre el pecho con un broche.


  • General romano a caballo

    Excelente miniatura del general Máximo interpretado por el actor Russell Crowe, que logra un extraordinario parecido. Todos los elementos se ambientan en la película Gladiator.


    E1 general Máximo Décimo Meridio era el clásico legado o general romano procedente de la aristocracia provincial de Hispania. Su familia seguramente provenía de adinerados senadores o caballeros que se hicieron influyentes en el gobierno de Roma, gracias a las fortunas generadas por los ricos cultivos que crecían bajo el cálido clima de la península Ibérica.

    El general Máximo probablemente había escalado los peldaños consecuentes a su cursus honorum (carrera política-militar) desde un posible centurionazgo en alguna unidad auxiliar o legión, llegando a ser tribuno junior y luego algún otro cargo militar que le llevaría al mando de una o más legiones. Por su iniciativa en liderar personalmente los ataques de caballería, se puede afirmar que seguramente fue prefecto en alguna de las muchas alas de caballería de origen hispánico

    que sirvieron para el Imperio y es muy probable que llegara a su cargo habiendo pasado antes por destinos de mando en primera línea.


    ARMADURA

    Esta coraza de oficial podía ser de hierro, bronce y, en ocasiones, cuero endurecido.

    En los oficiales, la calidad y los adornos se hacían notar especialmente.


    ARMADURA DEL CABALLO

    También conocida como testera, esta protección metálica que vemos en la fotografía servía para evitar golpes en la cabeza del caballo durante la lucha.


    ARNÉS DEL CABALLO

    En un oficial de alto rango todos los atalajes del caballo tenían una calidad, decoración y manufactura excepcionales.


    ESPADAS

    El jinete portaba su espada larga de combate, conocida como spatha, y de igual manera solía llevar otra de repuesto sobre la montura.


    GREBAS

    Las grebas o espinilleras resultaban una protección muy útil para las tropas de caballería, ya que durante el combate era muy frecuente que recibiesen serias heridas en esa zona de la pierna.


    PIELES

    Las pieles de lobo u oso eran muy utilizadas para aportar una imagen más feroz a los guerreros y soldados.


  • Pretoriano Romano

    Los legendarios guardias pretorianos eran los custodios del emperador. Su deslumbrante uniforme no ocultaba sino las ambiciones y rivalidades del poder, siendo su instrumento y ejecutor en un mismo cuerpo.


    Durante el ano 4/ a.C., el primero de los emperadores, Octavio Augusto, instauró un cuerpo de guardia personal, que se pasó a llamar pretoriana en imitación a la que ya funcionaba para los generales en el ejército. Lo formaban nueve cohortes, tres de las cuales fueron acuarteladas en las cercanías de Roma, y el resto se distribuyeron por la Italia central.


    Los hombres encuadrados eran efectivos especialmente escogidos entre veteranos de las legiones y recomendados con muchas influencias. Cuatro años después de que Augusto las fundara, su sucesor, Tiberio, mandó construir un campamento para alojarlas dentro de la ciudad, algo prohibido hasta el momento. Siendo la unidad de élite por excelencia, cumplía las funciones de defensa de la urbe y de la persona del emperador. Una de las cohortes estaba permanentemente de servicio en pala-cio. En un principio, el emperador era su jefe directo, pero con el paso del tiempo se nombró un prefecto de la Guardia.


    CORAZA

    De gran gala y ornato, la coraza musculada contribuía a dar una imagen más imponente a la Guardia pretoriana.


    CASCÓ

    Yelmo de inspiración griega con penacho de crin de caballo que recuerda a los míticos héroes helénicos.


    PTERUGUES

    La confección y factura del pterugues (faldellín) de un pretoriano presentaba una calidad más cuidada que las mismas protecciones en uso para la tropa legionaria.


    ESPADA

    Con una funda lujosa de materiales nobles, la gladius pertenece al modelo conocido como pompeii altoimperial.


    ESCUDO

    Reminiscencia del periodo republicano, el escudo oval continuaba en servicio para las tropas de palacio.


  • Legionario en combate

    Figura representativa del nivel de evolución en el soldado romano entre los períodos republicano y alto-imperial. Como él, muchos legionarios participaron en las guerras cántabras, la batalla de Actium o perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo.


    El momento que escenifica este legionario podría ser el típico descanso que se daba con frecuencia en los combates cuerpo a cuerpo, cuando la extenuación de los contrincantes provocaba numerosas paradas de mutuo consentimiento para recuperar fuerzas y proceder a los relevos. Gracias a la posición de apertura del escudo, podemos observar el extraordinario trabajo de detalle que lleva la loriga de mallas, así como el resto de los elementos de su equipamiento.

    Tanto el casco de bronce, conocido como modelo Coolus, con un diseño que recuerda a la gorra de un jockey de carreras, como la agudísima espada, gladius, eran dos manufacturas típicas de la regencia del emperador Octavio Augusto. La espada, la daga y el mandil protector pendían de dos cinturones cruzados, al estilo de los "cowboys" del siglo XIX.


    CASCO

    Modelo coolus, típico de transición entre el montefortino republicano y el gálico de la época imperial.


    ESPADA

    De principios del Imperio, es conocida como Mainz y característica por su aguda punta y su excelente factura.


    FALDELLÍN ABDOMINAL

    O cingulum; eran unas tiras de cuero con tachones metálicos que aportaban protección a la zona del bajo vientre.


    COTA DE MALLA

    Las protecciones de la época augustea estandarizaron la cota de malla.


    FUNDA DE LA ESPADA

    En esta época era bastante ancha, y con un alma de madera forrada de cuero.


    ESCUDO

    El de esta época también era una transición entre el altoimperial y el republicano.


  • Guerrero Íbero

    Los belicosos guerreros íberos formaron, junto con los celtas centroeuropeos de la Galia, la columna vertebral y ariete de la infantería que el general Aníbal desplegaría siempre en primera línea y en el centro de las temibles formaciones que presentaba en batalla.


    Esta figura recrea perfectamente la imagen de un guerrero íbero, probablemente de las tribus de la zona del actual levante español. Por su indumentaria, rica en metales y muy elaborada, se puede deducir que se trataba de un jefe notable o algún miembro procedente de una familia de cierta alcurnia. Su yelmo, que evoca la imagen de un caballo con crines incluidas, solía ser metálico, de hierro o bronce, y en ocasiones de cuero endurecido o incluso tejido con tendones. El disco pectoral, muy extendido en las culturas de la cuenca mediterránea, está profusamente decorado con la cabeza de un lobo.

    Tanto el caballo como el lobo eran animales de un ancestral sentimiento mitológico y místico entre los habitantes de la península Ibérica de la Antigüedad. El lobo asolaba los campos y las aldeas en las noches de tiempos pasados, inspirando un profundo miedo tan sólo con la contemplación de su imagen. Sin duda, esa sensación es la que pretendería transmitirse al subconsciente del enemigo.


    CASCO

    Este capacete metálico trataba de asemejar a su portador con una de las más prestigiosas deidades íberas: el caballo. De hecho, la cresta y la cola asemejan las crines y cola de este animal.


    DISCO PECTORAL

    Las placas pectorales que adornaban a estos luchadores trataban de aportar la necesaria protección. u como en este caso incomodaban  la imagen del temido lobo.


    DAGA Y ESPADA

    La daga globular íbera fue muy exitosa y llegó a copiarse en el ejército romano para el equipamiento de sus legionarios. El guerrero lleva la legendaria falcata en su cintura.

    Esta arma, mezcla de espada y machete, era de temible contundencia.


    TÚNICA

    La túnica íbera engalanada con diseños de diverso origen servía para diferenciar a los nobles de los plebeyos


    ESCUDO

    La pequeña rodela de los íberos estaba pensada para que su portador se protegiese tan sólo de los golpes del enemigo, no necesitando cubrirse todo el cuerpo y ganando de esta forma en ligereza.


  • Soldado romano en campamento

    La vieja y conocida tarea militar de frotar y frotar se reproduce sin tacha en esta figura de legionario romano limpiando el óxido de su armadura de placas. Una de las más comunes ocupaciones de los soldados en campamento era cuidar y lustrar sus armas.


    En esta miniatura se capta la laboriosa y muy entretenida vida de los legionarios romanos que, incluso en campamento, tenían casi todo su tiempo ocupado en diversas actividades de guardia, limpieza, seguridad, o mantenimiento de las infraestructuras comunes a toda la tropa.

    La vida campamental estaba sujeta a numerosas disciplinas y restricciones, no pudiéndose relajar los soldados nada más que cuando salían en sus horas libres a comprar algo al pueblo más cercano o a visitar en las cabañas situadas extramuros a sus familias no reconocidas. Por lo demás, las rutinas se repartían entre los servicios obligatorios y aquellos que podían negociar con su centurión a cambio de algún que otro soborno. La vida entre los compañeros de centuria, auténtica familia del soldado, se asemejaba bastante a la que hoy en día pueden experimentar otros militares en acuartelamientos cerrados, donde la convivencia y el compartir un espacio limitado ponen a prueba la disciplina y el carácter de la tropa.


    ESCUDO Y PILUM

    Además de ser el arma defensiva por excelencia del legionario romano, el escudo podía tener otras utilidades. Podía ser utilizado como arma ofensiva de golpeo contra el enemigo o, como en este caso, improvisado soporte para evitar que armas u elementos ya limpios no reposasen sobre el suelo para aislarlos de la humedad o del polvo. El pilum, clavado por su parte roma en el suelo, hacía de eventual soporte para mantener el escudo en posición vertical.


    CASCO Y ARMAMENTO

    Los elementos metálicos, como el casco y las armas, requerían de un especial cuidado, puesto que al ser de hierro se podían oxidar fácilmente. Una buena conservación de estos elementos era imprescindible para los legionarios pues, de lo contrario, les podía costar la vida. La hoja de la espada, sobre todo, debía estar impecable.


    CORAZAS

    La armadura de placas era también un elemento a mantener en perfecto estado. Por su diseño, era fácil que la suciedad y la humedad se acumulasen entre las láminas, haciendo más incómoda su utilización, por lo que un buen mantenimiento resultaba imprescindible.


  • Soldado en batalla

    Los legionarios romanos eran los soldados mejor equipados de su época, ya que disponían de una panoplia de armamento defensivo y ofensivo sin parangón. Contaban con un estándar de homogeneidad muy elevado para tal cantidad de tropas y la época en que vivían.


    Las fábricas de armamento militar que poseía la anti- él un c gua Roma en distintos centros de producción a lo largo del Imperio, surtían de un material constan más o menos homogéneo. Según las calidades, modas, desarrollos y materiales de los que se dispusieran en cada momento, se elaboraban las piezas que compondrían las armas del legionario de todo el orbe imperial. Con bastante calidad y alto grado de estandarización, durante el mismo periodo, se podían encontrar cascos de similar factura en lugares tan remotos como Germania o Israel. Por lo tanto, a la hora de entrar en batalla un legionario romano, como nuestra figura representada, contaba con una serie de ventajas materiales, que unidas a su continuo entrenamiento y elevada moral, hacía de él un combatiente excepcional independientemente del enemigo al que se enfrentara. Otra constante era la continua adecuación al medio y al oponente contra el que combatieran.


    EL ESCUDO

    Además de un arma puramente defensiva, el escudo era utilizado también como arma de golpeo contra el enemigo, o para hacer formaciones de ataque.


    GREBAS

    Las grebas eran una importante defensa para los legionarios romanos. Protegía de los golpes del enemigo y de los propios causados con el escudo.


    PROTECCIÓN DEL BAJO ABDOMEN

    Para protegerse el vientre, los legionarios llevaban una protección de cuero con remaches metálicos que podía parar perfectamente el tajo de una espada.


    LA ESPADA

    El gladius era el arma por excelencia de los legionarios romanos. Tras el lanzamiento de las armas arrojadizas estos hombres procedían a una mortífera carga contra el enemigo.


    EL PILUM

    Los legionarios abrían el combate con esta arma, diseñada para que una vez que se clavaba, la punta de metal se torciera para que no pudiese ser reutilizada por el enemigo.


  • Hoplita Griego

    Los guerreros griegos, llamados hoplitas, constituían la élite y el cuerpo central de los ejércitos que formaban la defensa en las diferentes ciudades estados del Peloponeso y el resto del orbe helénico.


    El término hoplita que define a estos soldados deriva del gran escudo circular que llevaban, llamado hoplon. Corriendo el siglo VIII a.C., los griegos cambiaron sus tácticas guerreras, que hasta entonces consistían en enfrentamientos desorganizados que además buscaban el combate individual entre los héroes. Los soldados griegos pasaron a encuadrarse en un sistema mucho más disciplinado llamado falange, en el que cada guerrero debía homogeneizar sus armas con el resto de sus compañeros. La lanza, espada, casco, armadura corporal, grebas y gran escudo circular eran la panoplia básica del nuevo combatiente heleno. El gran escudo medía alrededor de un metro de diámetro y cubría a su portador desde la barbilla hasta las rodillas. Cuando los hoplitas cerraban la formación, el escudo llegaba a tapar incluso el lado desguarnecido del compañero situado a la izquierda. La decoración de los escudos iba desde la aterradora Gorgona hasta la letra delta propia de los. espartanos.


    CORAZA MUSCULADA

    Este tipo de coraza era, junto al escudo, la principal protección del hoplita, pero por su rigidez restaba movilidad a su portador.


    PROTECCIÓN ABDOMINAL

    La coraza no podía llegar a proteger el bajo vientre, ya que de lo contrario impediría caminar al hoplita, por lo que esta zona era el punto débil de estos guerreros. La protección con tiras de cuero era imprescindible.


    ESPADA

    El modelo conocido como Campovallano era una espada muy difundida en el mundo helénico, aunque no contaba con una metalurgia muy elaborada, ya que se rompía con cierta facilidad en combate.


    YELMO CORINTIO

    Protegía la cabeza y la cara del hoplita y estaba adornado con un penacho que hacía que su portador ganara en gallardía a la vista del enemigo.


    ESCUDO

    El escudo, u hoplon, daba el nombre a estos guerreros. Era una pieza circular de grandes dimensiones que permitía al hoplita protegerse y cubrir a su vez el lado derecho del compañero situado junto a él. Los hoplitas luchaban en formaciones cerradas atacando con sus lanzas al enemigo.

    En cierto modo, esta forma de lucha era parecida a la que posteriormente desarrollaron los romanos.


  • Jefe Senón

    Los jefes celtas de la casta dirigente solían pelear con armadura de anillas y casco; o luchaban desnudos, protegidos únicamente por sus tatuajes sagrados.


    La figura encarna a un jefe de la tribu gala de los senones, habitantes de la actual

    Francia en el año 300 a.C., y procedente de la clase social de los guerreros, normalmente la superior y que regía los destinos de la tribu. Los celtas estaban enfrascados en luchas intestinas, pugnando por arrebatar tierras o rebaños a otras tribus vecinas. Rara vez lucharon como un pueblo unido, lo que favoreció a los romanos al enfrentarse contra ellos, ya que tan sólo tenían que aliarse con los enemigos de otro. De igual manera por su exacerbado espíritu guerrero, siempre estuvieron dispuestos a engrosar las filas de cualquier otro líder ya fuera como mercenarios con Aníbal, o como ocurriría con posteriori-dad, como tropas auxiliares del ejército romano.


    LANZA

    Esta arma, de alrededor de dos metros, no tenía utilidad como arma arrojadiza sino que era utilizada para cargar con ella, bien desde la montura o bien desde el suelo por el infante celta.


    ESCUDO

    De gran tamaño, el escudo disponía de una pieza protectora en el centro, umbo, que aportaba consistencia a su superficie y guarnecía la mano.

    La decoración de los escudos celtas se inspiraba básicamente en deidades y demás mitología propias de su cultura.


    CALZADO Y PANTALONES

    Sus botas de piel cerradas serían adoptadas por los romanos en destinos húmedos y fríos. Los pantalones eran característicos por sus cuadros y rayas.


    ESPADA

    Las espadas celtas eran características por su longitud y punta roma. Según algunas fuentes, no resistían el choque contra el borde de los escudos romanos y a menudo se doblaban. La vaina iba sujeta con un cinturón formado por pequeñas cadenas.


    CASCO

    El de los jefes celtas, de bronce, en ocasiones presentaba ornamentaciones semejantes a cuernos o alas. También se decoraban con plumas o penachos. 


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    La indumentaria y el armamento egipcio variaron con el uso de los años. En los imperios antiguo y medio, el soldado de extracción campesina era armado y enviado al combate. En el imperio nuevo, el soldado, más profesionalizado, contaba con un vestuario y un armamento mas sofisticado.


    La profesión militar no gozaba de un especial prestigio entre los altos estamentos sociales egipcios, pues las condiciones de vida eran duras, divido a las campañas en el desierto y al aislamiento de las fortalezas en las fronteras del territorio. Los escribas solían adoctrinar a sus alumnos acerca de las miserias de las vidas castrenses. Ante la dificultad de contratar soldados, los faraones tenían que recurrir a levas forzadas, que generaban un enorme descontento popular, e incentivar con el obsequio de una pequeña tierra para el resto de sus vidas a todos aquellos que se decidieran a enrolarse. Así, mismo se recurrió a mercenarios extranjeros, sobre todo nubios, pero también libios y asiáticos, ,para completar el ejercito egipcio. En algunos momentos, los mercenarios llegaron a superar do tercios del total de la tropas egipcias.


    LA ORGANIZACION DEL EJERCITO. La composición del ejercito en el antiguo Egipto se basaba en unidades de 5.000 hombres, conocidas como divisiones, e integradas por infantes y arqueros. A su vez las divisiones estaban subdivididas en compañías de 250 efectivos, coordinadas por un comandante o capitán, y se estructuraban de nuevo en secciones de 50 individuos. El mando último del ejercito correspondía al faraón, ayudado por un general en jefe y un cierto numero de otros generales, hijos del propio rey o personalidades próximas a la monarquía. Los soldados profesionales egipcios se entrenaban con dureza. Eran habituales las marchas en grupo por el desierto, la practica de ejercicios gimnásticos y la lucha cuerpo a cuerpo, como un espectáculo, para mantenerse en forma. Ademas de los soldados llanos existían cuerpos especiales, como los arqueros o los conductores de carros.


    El faraón, mando supremo del ejercito, otorgaba las distinciones por los años de servicios o por las acciones en el combate. Los favorecidos eran premiados con tierras, esclavos o condecoraciones con forma de collares de oro y armas, entre las que destacaba por su simbolismo le denominada Orden de la Mosca Dorada. Con el paso del tiempo, y ya en el siglo VI, los guerreros pasaron a ser los únicos egipcios, a excepción de los sacerdotes, que tenían privilegios especiales.



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    La indumentaria y el armamento egipcio variaron con el uso de los años. En los imperios antiguo y medio, el soldado de extracción campesina era armado y enviado al combate. En el imperio nuevo, el soldado, más profesionalizado, contaba con un vestuario y un armamento mas sofisticado.


    La profesión militar no gozaba de un especial prestigio entre los altos estamentos sociales egipcios, pues las condiciones de vida eran duras, divido a las campañas en el desierto y al aislamiento de las fortalezas en las fronteras del territorio. Los escribas solían adoctrinar a sus alumnos acerca de las miserias de las vidas castrenses. Ante la dificultad de contratar soldados, los faraones tenían que recurrir a levas forzadas, que generaban un enorme descontento popular, e incentivar con el obsequio de una pequeña tierra para el resto de sus vidas a todos aquellos que se decidieran a enrolarse. Así, mismo se recurrió a mercenarios extranjeros, sobre todo nubios, pero también libios y asiáticos, ,para completar el ejercito egipcio. En algunos momentos, los mercenarios llegaron a superar do tercios del total de la tropas egipcias.


    LA ORGANIZACION DEL EJERCITO. La composición del ejercito en el antiguo Egipto se basaba en unidades de 5.000 hombres, conocidas como divisiones, e integradas por infantes y arqueros. A su vez las divisiones estaban subdivididas en compañías de 250 efectivos, coordinadas por un comandante o capitán, y se estructuraban de nuevo en secciones de 50 individuos. El mando último del ejercito correspondía al faraón, ayudado por un general en jefe y un cierto numero de otros generales, hijos del propio rey o personalidades próximas a la monarquía. Los soldados profesionales egipcios se entrenaban con dureza. Eran habituales las marchas en grupo por el desierto, la practica de ejercicios gimnásticos y la lucha cuerpo a cuerpo, como un espectáculo, para mantenerse en forma. Ademas de los soldados llanos existían cuerpos especiales, como los arqueros o los conductores de carros.


    El faraón, mando supremo del ejercito, otorgaba las distinciones por los años de servicios o por las acciones en el combate. Los favorecidos eran premiados con tierras, esclavos o condecoraciones con forma de collares de oro y armas, entre las que destacaba por su simbolismo le denominada Orden de la Mosca Dorada. Con el paso del tiempo, y ya en el siglo VI, los guerreros pasaron a ser los únicos egipcios, a excepción de los sacerdotes, que tenían privilegios especiales.



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    La profesión militar no gozaba de un especial prestigio entre los altos estamentos sociales egipcios, pues las condiciones de vida eran duras, divido a las campañas en el desierto y al aislamiento de las fortalezas en las fronteras del territorio. Los escribas solían adoctrinar a sus alumnos acerca de las miserias de las vidas castrenses. Ante la dificultad de contratar soldados, los faraones tenían que recurrir a levas forzadas, que generaban un enorme descontento popular, e incentivar con el obsequio de una pequeña tierra para el resto de sus vidas a todos aquellos que se decidieran a enrolarse. Así, mismo se recurrió a mercenarios extranjeros, sobre todo nubios, pero también libios y asiáticos, ,para completar el ejercito egipcio. En algunos momentos, los mercenarios llegaron a superar do tercios del total de la tropas egipcias.


    LA ORGANIZACION DEL EJERCITO. La composición del ejercito en el antiguo Egipto se basaba en unidades de 5.000 hombres, conocidas como divisiones, e integradas por infantes y arqueros. A su vez las divisiones estaban subdivididas en compañías de 250 efectivos, coordinadas por un comandante o capitán, y se estructuraban de nuevo en secciones de 50 individuos. El mando último del ejercito correspondía al faraón, ayudado por un general en jefe y un cierto numero de otros generales, hijos del propio rey o personalidades próximas a la monarquía. Los soldados profesionales egipcios se entrenaban con dureza. Eran habituales las marchas en grupo por el desierto, la practica de ejercicios gimnásticos y la lucha cuerpo a cuerpo, como un espectáculo, para mantenerse en forma. Ademas de los soldados llanos existían cuerpos especiales, como los arqueros o los conductores de carros.


    El faraón, mando supremo del ejercito, otorgaba las distinciones por los años de servicios o por las acciones en el combate. Los favorecidos eran premiados con tierras, esclavos o condecoraciones con forma de collares de oro y armas, entre las que destacaba por su simbolismo le denominada Orden de la Mosca Dorada. Con el paso del tiempo, y ya en el siglo VI, los guerreros pasaron a ser los únicos egipcios, a excepción de los sacerdotes, que tenían privilegios especiales.



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    La profesión militar no gozaba de un especial prestigio entre los altos estamentos sociales egipcios, pues las condiciones de vida eran duras, divido a las campañas en el desierto y al aislamiento de las fortalezas en las fronteras del territorio. Los escribas solían adoctrinar a sus alumnos acerca de las miserias de las vidas castrenses. Ante la dificultad de contratar soldados, los faraones tenían que recurrir a levas forzadas, que generaban un enorme descontento popular, e incentivar con el obsequio de una pequeña tierra para el resto de sus vidas a todos aquellos que se decidieran a enrolarse. Así, mismo se recurrió a mercenarios extranjeros, sobre todo nubios, pero también libios y asiáticos, ,para completar el ejercito egipcio. En algunos momentos, los mercenarios llegaron a superar do tercios del total de la tropas egipcias.


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    La profesión militar no gozaba de un especial prestigio entre los altos estamentos sociales egipcios, pues las condiciones de vida eran duras, divido a las campañas en el desierto y al aislamiento de las fortalezas en las fronteras del territorio. Los escribas solían adoctrinar a sus alumnos acerca de las miserias de las vidas castrenses. Ante la dificultad de contratar soldados, los faraones tenían que recurrir a levas forzadas, que generaban un enorme descontento popular, e incentivar con el obsequio de una pequeña tierra para el resto de sus vidas a todos aquellos que se decidieran a enrolarse. Así, mismo se recurrió a mercenarios extranjeros, sobre todo nubios, pero también libios y asiáticos, ,para completar el ejercito egipcio. En algunos momentos, los mercenarios llegaron a superar do tercios del total de la tropas egipcias.


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