Su objetivo principal es reconocer y dar a conocer la calidad de obras narrativas publicadas en México, distinguiendo especialmente las primeras ediciones de narrativa del año anterior.

  • Reconocer la calidad literaria de obras de narrativa ya publicadas.
  • ✍️ Dar visibilidad a escritores y escritoras mexicanos y extranjeros residentes en México.
  • 🌎 Fomentar la diversidad de voces y miradas de la narrativa mexicana contemporánea.
  • 🪶 Desde 2018, incluir también obras escritas en lenguas indígenas nacionales. 
  • 🏛️ Vincular la creación literaria con la crítica y el ámbito editorial, según la descripción oficial del premio. 

La propia Universidad de Colima lo resume de una forma muy clara: “Dar a conocer y reconocer el trabajo narrativo de escritores mexicanos y extranjeros residentes en la República Mexicana, a la comunidad universitaria y a la sociedad en general.”


Otorgado por: Universidad de Colima

Año de creación: 1980


Biografía

Alma Delia Murillo (Ciudad Nezahualcóyotl, 1979) ha publicado Cuentos de maldad y uno que otro maldito (2020), El niño que fuimos (2018), Las noches habitadas (2015) y Damas de caza (2010). Autora de la columna sabatina «Posmodernos y Jodidos» que puede leerse en almadelia, también publica un editorial en el periódico Reforma. Amante irracional de la Ciudad de México, las palabras y el sentido del humor. Aunque estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM), es una godínez rehabilitada luego de veinte años de trabajar en el inenarrable infierno de los corporativos.






Premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2026

Sipnosis

Cuando Marcos era pequeño le dejaba cartas a su madre antes de ir a la escuela. Ahora se aparece en sus sueños, porque le quiere contar a qué lugar lo llevaron cuando lo desaparecieron. Ada está en una carrera contra el tiempo, porque teme morir antes de encontrarlo, pero de una cosa está segura: tiene que buscarlo en un árbol.

En el corazón de la ciudad, cortaron la palmera y en su lugar sembraron un ahuehuete que ha muerto por razones extrañas. Y la escritora quiere escribir sobre eso, denunciarlo. Así es como se cruza en el camino de Ada y de otras madres buscadoras que también sueñan dónde están sus hijos. Y aunque la fiscalía quiere enterrar los expedientes de los sueños, esas coordenadas indican a dónde fueron los desaparecidos con una precisión inexplicable. Los árboles lo ven todo. Testigos de la muerte que se acumula en sus raíces a manera de fosas clandestinas, y que se manifiesta en sus troncos y hojas, se convertirán en traductores de la búsqueda, en interlocutores entre la memoria, la ausencia y la esperanza. ¿Y si lo que ha sido silenciado estuviera hablando a través de los árboles?